Nos encanta este japo, cuyo comedor tiene vistas a la Alcazaba. Y nos gusta por la delicadeza y por el producto. Técnica y rigor, como dicen sus fundadores, Álvaro Arbeloa y Toshio Tsutsui. Los niguiris, frios o calientes, no fallan nunca, así como todo el manejo de los crudos. Los usuzukuris, tartares o sashini también son de diez. Tienen ramen por encargo y dentro de sus platos tradicionales están las gyozas caseras, una gran variedad de tempura y los yakisoba. Tienen buena carta de sake y cervezas japonesas. Antonio Jiménez es el jefe de cocina y socio y ha sabido darle a este japo una personalidad llena de elegancia, suavidad y buen producto. Da gusto comer en Ta-Kumi. En nuestras visitas no han faltado la ostra en panko y la ostra en ponzu -nos encantan las ostras-, el tartar de toro con trufa y yema de huevo de codorniz y el teppan yaki de magret de pato. Tienen la posibilidad de un menú degustación con opción de wagyu (95-125 euros).
En japonés, ‘takumi’ significa artesano, maestro, y hace referencia a alguien que trabaja con las manos. ‘TA’ también es, curiosamente, la unión de las iniciales de sus dos maestros de cocina, Toshio y Álvaro, que trabajan en el mismo equipo (“kumi” en japonés).




