¿Te has preguntado alguna vez por qué es tan interesante visitar los mercados de las ciudades que visitas? Quizá porque es la forma más rápida de involucrarse en la vida cotidiana. El Mercado de Atarazanas es una de esas joyas que te sorprenderán. No solo por los productos frescos y de calidad que encontrarás, sino también por la historia que encierra cada rincón de este edificio
de estilo neoárabe con elementos nazaríes y califales y por la oferta gastronómica de sus bares. Allí podrás comer pescado fresco, coquinas espectaculares y buen marisco.
De astillero a templo de la gastronomía
Antes de ser el bullicioso mercado que conocemos hoy, Atarazanas fue un importante astillero naval en la época nazarí. ¡Imagínate los barcos que se construyeron allí! Con la reconquista, el edificio tuvo muchas vidas: almacén, arsenal, hospital… hasta que finalmente, a finales del siglo XIX, entre 1876 y 1879, se convirtió en el mercado que sigue siendo hoy, obra del arquitecto Joaquín de Rucoba. Con el paso de los años se alternó la venta de productos del día a los malagueños con pequeños puestos que empezaron a servir algunos platos y que hoy son bares donde se mezclan los locales con los visitantes.

Un edificio con alma
Si te fijas bien en la arquitectura del mercado, verás que es una mezcla de estilos. La fachada principal, con ese gran arco de herradura, nos recuerda su pasado árabe. Ese arco nazarí fue totalmente desmontado, piedra a piedra, y recolocado en su nuevo emplazamiento, a unos 25 metros hacia el este, como portada principal del nuevo mercado. En las enjutas del arco hay dos escudos que permiten fecharlo en el siglo XIV. Están cruzados por una banda con la frase en árabe «No hay más vencedor que Allah», lema de la dinastía nazarí.
El interior, con sus estructuras de hierro y cristal, nos transporta al siglo XIX. El mercado presenta una planta ligeramente trapezoidal estructurada en tres naves, cada una de ellas dedicada a fruta y verdura, pescados y mariscos y carnes. Consiste en un esqueleto metálico realizado en una gran parte por el hierro proveniente de la vieja industria siderúrgica sevillana (concretamente de la Fundición de San Antonio, ubicada en calle San Vicente de Sevilla y que fue también la que construyó el famoso puente de Isabel II de la capital hispalense, más conocido como el puente de Triana) cerrado con piedra y mampostería.
Si te gusta sumergirte en la vida local, no dejes de darte una vuelta por el mercado y observar cómo viven los malagueños. Ya lo dijo la hispanista británica Marjorie Grice-Hutchinson: «Apenas ponemos un pie en el mercado nuestros oídos se ven invadidos por las discusiones de las partes contendientes y por los gritos de los vendedores: ‘¡Coliflor, a la rica coliflor! ‘¡Merluzas vivas y coleando!’ ‘¡Caballa riquísima para la gente de buen gusto, a sólo cinco pesetas el kilo!’, etc.». Claro, que hoy en vez de pesetas son euros, como es normal.


