Hay exposiciones que se contemplan. Otras se estudian. Y unas pocas consiguen algo mucho más difícil: obligan al visitante a escuchar. Aunque no suene una sola nota.
Eso es precisamente lo que ocurre en Y sonó la música. Iconografía musical en el arte, la gran apuesta cultural de Fundación Unicaja para este verano en Málaga. Al atravesar las salas del Centro Cultural de la Plaza del Obispo, el espectador descubre una paradoja fascinante: los instrumentos permanecen inmóviles desde hace siglos, pero la música parece seguir viva.
No es un efecto de la imaginación. Es el triunfo de la pintura.
La muestra, comisariada por el historiador del arte José Luis Romero Torres y dirigida por José María Luna, reúne cerca de un centenar de piezas que recorren más de quinientos años de historia artística, desde el Renacimiento hasta el siglo XX. Pinturas, esculturas, grabados, cerámicas, fotografías e instrumentos dialogan entre sí para responder a una pregunta aparentemente imposible: ¿cómo representar algo tan intangible como el sonido?
La respuesta la ofrecen algunos de los mayores nombres de la historia del arte. Murillo, José de Ribera, Valdés Leal, Alonso Cano, Julio Romero de Torres o Pablo Picasso aparecen unidos por un mismo hilo conductor que atraviesa siglos y estilos: la música como emoción, como símbolo religioso, como celebración popular y como lenguaje universal.
Quizá ninguna obra resume mejor ese espíritu que La Virgen de la Faja, de Bartolomé Esteban Murillo. El cuadro, que regresa a España tras más de un siglo fuera del país, constituye uno de los grandes acontecimientos artísticos del año. Más allá de su extraordinaria calidad pictórica, emociona por la humanidad con la que Murillo retrata una escena cotidiana entre una madre y un hijo, alejándose de la solemnidad barroca para acercar lo sagrado a la sensibilidad de cualquier espectador. La pintura se convierte así en uno de los grandes polos de atracción de la exposición y en un auténtico acontecimiento patrimonial.
A pocos metros, el visitante descubre otro diálogo inesperado. Pablo Picasso vuelve a encontrarse con Murillo. No en un museo imaginario, sino en una conversación visual donde los siglos desaparecen. El malagueño universal está representado a través de distintas etapas creativas en las que guitarras, violines y otros instrumentos se convierten en protagonistas de su lenguaje plástico. Desde el cubismo hasta su periodo clásico, Picasso demuestra que la música no solo se escucha: también puede construirse con formas, planos y geometrías.
Ese diálogo entre épocas constituye uno de los mayores aciertos del recorrido. La exposición evita cualquier planteamiento cronológico rígido y prefiere organizarse en grandes relatos. La música aparece en la mitología clásica, en la iconografía religiosa, en la vida cotidiana, en la educación femenina, en el flamenco, en la representación del músico popular o en las visiones del cielo y del Juicio Final.
Así, una guitarra deja de ser únicamente un instrumento para convertirse en símbolo de la identidad española; un piano habla del papel social de la mujer durante siglos; una zanfoña recuerda a los músicos ambulantes que llevaron las melodías de pueblo en pueblo; mientras que ángeles, arpas, laúdes o violas de gamba transforman las escenas religiosas en auténticas partituras visuales.
Lo verdaderamente interesante es que la exposición no pretende explicar la historia de la música, sino demostrar cómo la música ha impregnado la historia del arte. Cada instrumento posee un significado simbólico; cada composición revela una época; cada gesto de los personajes parece contener un ritmo silencioso que el visitante completa mentalmente.
En ese sentido, el recorrido termina convirtiéndose en una experiencia profundamente sensorial. No hace falta una audioguía para escuchar las obras. Basta con detenerse unos segundos frente a ellas.
Hay un mérito añadido que conviene subrayar. En una ciudad acostumbrada a grandes nombres y grandes museos, Fundación Unicaja ha optado por una propuesta distinta. No compite mediante el espectáculo ni mediante la acumulación de obras icónicas. Lo hace construyendo un relato. Un relato coherente, riguroso y sorprendente que conecta disciplinas artísticas que habitualmente recorren caminos paralelos.
La música, que durante siglos ha acompañado la vida religiosa, las fiestas populares, el teatro, la educación o el flamenco, aparece aquí como un elemento transversal de la creación artística. Y esa mirada convierte la exposición en algo mucho más amplio que una reunión de excelentes cuadros.
También es una invitación a observar de otra manera.
Porque, al abandonar las salas del Palacio Episcopal, el visitante comprende que nunca volverá a mirar igual un violín pintado por Ribera, una guitarra cubista de Picasso o los ángeles músicos de Murillo.
Y descubre, quizá por primera vez, que el silencio también puede tener banda sonora.
Se ofrecen visitas guiadas gratuitas para grupos de máximo 20 personas, de lunes a viernes a las 11:00, 12:00, 13:00, 17:30 y 18:30 horas; los sábados a las 11:00, 12:00, 17:30 y 18:30 horas, y los domingos a las 11:00 y 12:00 horas. Además, se ofrecerán dos pases en inglés los viernes a las 18:00 horas y los sábados a las 12:30 horas. Las visitas se pueden reservar en mediacionculturalmalaga@fundacionunicaja.com o en el teléfono 952 62 48 62.




