El Castillo de Gibralfaro es mucho más que unas ruinas antiguas. Es un pedazo de la historia de Málaga que nos habla de batallas, de reyes y de una ciudad que ha visto pasar cinco mil años de historia. La fortaleza se alza imponente sobre la ciudad. Sus orígenes se remontan a la época fenicia, aunque fue en el siglo XIV cuando los musulmanes lo convirtieron en una fortaleza inexpugnable. Desde sus murallas, los nazaríes controlaban la ciudad y el mar. Podemos imaginar el panorama que se podía ver desde sus murallas: la Alcazaba, el puerto, el mar… El nombre de Gibralfaro proviene del toponímico (Yabal, que en árabe significa monte, y Faruh, ayamí del griego Faros, faro).
El castillo está construido en un cerro, lo que lo convierte en un lugar prácticamente inexpugnable. Además de sus impresionantes murallas, el castillo esconde otros tesoros, como el Pozo Airón, de 40 metros de profundidad, excavado en la roca viva y al que llega a un venero de agua aún hoy día existente. El castillo cuenta también con un complejo entramado de captación de agua de lluvia que a través de acequias de fábrica permite llevarlas a varios aljibes subterráneos, todos cubiertos con bóvedas de ladrillo, salvo el mayor de ellos, de planta octogonal, que emerge en el centro de la fortificación. Se conservan asimismo dos hornos de pan de construcción cristiana, varias garitas de distintas época, tipología y ubicación, y el edificio del antiguo polvorín, hoy convertido en Centro de Interpretación.
Un mirador con vistas impresionantes
Pero sin duda, lo mejor del castillo son sus vistas. Se disfruta de una panorámica única de la ciudad de Málaga. Al este, el mar Mediterráneo se extiende hasta donde alcanza la vista. Al oeste, la Alcazaba y el centro histórico te quedarán a tus pies.
Si visitas Málaga, no puedes perderte la oportunidad de subir al Castillo de Gibralfaro. Es una experiencia única que te permitirá conocer un poco mejor la historia de la ciudad y disfrutar de unas vistas espectaculares. Se puede llegar caminando desde la Alcazaba y también a través de un sendero (carretera) que cruza un pinar. En la entrada del Castillo hay un pequeño kiosko, así como una parada de autobús. Contiguo al castillo se construyó un parador nacional del mismo nombre, con una terraza con vistas también espectaculares donde tomar algo.

